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Afroméxico

Muchos creen que hablar de negros en México es un sinsentido. No hay negros en México, dicen. Y luego se acuerdan de que México es todo el país y completan: ah, sí, los de la Costa Chica. Pues sí, pero no. Afroméxico es mucho más complicado y extenso de lo que comúnmente se cree. Se cree que los descendientes de negros en el país conforman entre el 3 y el 9 por ciento de la población. En el censo del 2010, INEGI informa que hay 112 millones 336 mil 538 mexicanitos. O sea, entre 3 millones 370 mil 096 y 10 millones 110 mil 288 son descendientes de negros. Eso es echar montón.

La primera vez que se contaron los habitantes del Valle de México, eran 3 millones 200 mil piedritas (porque cada habitante arrojó una a un montículo). Eso fue en 1116. Dice Luis González de Alba que la población del “territorio” era de 20 millones de indios a la llegada de los españoles. Para 1570 había ya sólo un poco más de 9 millones de indios en toda Nueva España. Eso da para otro cuento, ¿no?

Los negros empezaron a llegar a la Nueva España en 1528 y siguieron haciéndolo durante todo el siglo. Dice Andrés Lira y Luis Muro que se establecieron (¿o debo decir fueron distribuidos en?) la Ciudad de México, Michoacán, Nueva Galicia (Nayarit, Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, Sinaloa), Tlaxcala, Oaxaca, Yucatán y las zonas mineras. En 1533 se registraron más de 20 mil negros, pero eran sólo los “legales”. Muchos de ellos no fueron contados porque sus dueños no los referían para no pagar impuestos y entonces sobornaban a las autoridades para no declararlos. Por su parte, los negros libres se ocultaban para no pagar tributos o para que no los hicieran prestar servicio. En 1576 hasta probablemente 1579, hubo una gran epidemia que mató más de dos millones de indios. Con eso hubo un aumento de la población mestiza y negra, comparativamente. Se calcula que de 1590 a 1610 entraron cerca de 3 mil quinientos negros por año. En la primera mitad del siglo XVII había poco menos de 30 mil negros registrados.

A mediados del siglo XVI, los negros en México costaban entre 100 y 200 pesos por cabeza. Más baratos en las Antillas, of course. Caros, pero malos: los españoles consideraban que los negros eran peor que los indios, quienes sí eran buenos y material de cristianización. Desde Bartolomé de las Casas hasta Vasco de Quiroga, los indios eran almas que rescatar para la Santa Madre Iglesia. Los negros, por el contrario, eran rebeldes y una muy mala influencia para los indios.

Los negros se escapaban y se hacían cimarrones. Se compraban y eran libertos. Empezaron a contaminar la población limpiamente blanca y aceptablemente india, con zambos, zambos prietos, mulatos, moriscos, albinos, saltapatrás, chinos, cambujos, lobos, gíbaros, albarazados, sambaigos, campamulatos, tente en el aire (combinaciones todas entre indios, españoles y negros), engendros todos ellos de poco valor, gente menor, gente menuda.

http://www.sip.illinois.edu/people/melendez/span442/SPA442-images/NWO-CastaPainting/Sambo.gif
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La gente menuda y especialmente los negros, eran considerados el peor peligro para la conservación de la paz y el orden en la Nueva España. No se les podía ubicar dentro de ninguna de las dos Repúblicas que había en la Nueva España, la República de los españoles y la República de los indios, que más parecen haber sido modos de vida y de organización en lo que los indios se morían o se mestizaban que verdaderas repúblicas, por supuesto ―faltaban como dos siglos para que los gringos “inventaran” la república y los franceses la “perfeccionaran”. Era de esperarse que los negros libertos y cimarrones se retiraran hacia las zonas más alejadas de los españoles, las selvas, y fundaran poblados, conocidos como palenques. Por cierto, las lejanías también se fueron algunos indios sobrevivientes.

Aparentemente los negros daban un poco de miedo porque se levantaron en varias ocasiones rumores acerca de la sublevación de los esclavos, pero de eso hablaremos ái lueguito con más calma.

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