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Don Joaquín de la Cantolla y sus globos

Don Joaquín de la Cantolla y Rico nació en la Ciudad de México el día 25 de junio de 1829, y murió en la misma ciudad el 20 de marzo de 1914. Su padre fue un español cantábrico llamado Juan de la Cantolla,  su madre llamábase Soledad Rico y se dedicaba al cuidado del hogar. Joaquín estudió en el famoso Colegio Militar, que por esos tiempos se encontraba situado en el Castillo de Chapultepec, pero pronto se retiró del servicio militar, pues a causa de un desastroso accidente perdió un ojo; sin embargo, logró participar en la defensa del castillo contra los invasores norteamericanos. Poco después, el delgado y medio calvo Joaquín se hizo telegrafista.

Los héroes del señor Cantolla. Joaquín admiraba a los hermanos Montgolfier, Joseph Michel y Jacques Étienne, los inventores del globo aerostático, aeronave que se sirve del principio de los fluidos de Arquímedes que dice: Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja. Joaquín quería volar, como los hermanos franceses y como lo había hecho ya Benito León Acosta, mexicano nacido en Guanajuato, y que volara en la ciudad de Morelia. Inspirado por sus héroes, Joaquín decidió fundar la Empresa Aerostática de México, para lo cual pidió el apoyo económico del gobierno. Para aprender a construir un globo y a  manejarlo debidamente, se dirigió a los hermanos Wilson que a la sazón se encontraban en México y se ganaban la vida paseando mexicanos en su globo. Terminado su aprendizaje, el 26 de junio de 1863, decidió llevar a cabo su primer vuelo en honor de los militares Leonardo Márquez, partidario de la Intervención Francesa, y Nepomuceno Almonte, el otro traidorcillo hijo del cura José María Morelos y Pavón. Este vuelo se realizó en la Plaza de Toros del Paseo Nuevo. Fue todo un éxito, que le valió la fama y unas mancuernillas de oro que le regaló el emperador Maximiliano. A partir de entonces, en cada representación que daba iba vestido de charro o de levita y llevaba una bandera mexicana.

Cantolla y sus globos voladores. Los globos de don Joaquín de la Cantolla estaban hechos de manta, usaban un regulador de alcohol que permitía controlar el ascenso y el descenso de los globos por medio del aire caliente, que él inventó y que  probó en la Escuela de Ingenieros del Colegio de Minería. Varios fueron los globos aerostáticos que construyó. El primero que hizo recibió el nombre de Moctezuma I, al que le siguieron Moctezuma II, y Vulcano. El primero era de tela parchada, muy sencillo; el segundo, los retales tenían los colores de la bandera mexicana; el tercero era muy grande, pues cuando se inflaba alcanzaba los veinte metros; estaba adornado con águilas imperiales pintadas, fue quemado por el hermano de Joaquín que se oponía a los vuelos por considerarlos muy peligrosos. No le faltaba razón, pues en una ocasión el globo en que volaba sobre la ciudad de México sufrió una bajada de aire caliente y se desplomó sobre una casa situada en la Calle del Salto del Agua, y rompió el techo, causando un buen susto a los habitantes de la morada que se pusieron a pegarle. En un artículo anónimo de Aviación e Historia, se dice que: Su desmedida obsesión y descuido, lo llevaron a recibir una fuerte oposición por parte de su hermano y esposa, quienes sabotearon en repetidas ocasiones sus aparatos. Pese a estos intentos por frenar sus experimentos, Cantolla realizo varias ascensiones, muchas de las cuales estuvieron cerca de convertirse en una verdadera tragedia, como cuando arrastro a un hombre que se atoro con uno de los lazos que servía para amarrar al globo a tierra; en otra ocasión cayó sobre el tragaluz en una casa en el rumbo de Salto del Agua, de donde tuvo algunas lesiones.

Cantolla gustaba de elaborar globos pequeños que se echaban a volar en las festividades y en las fiestas populares, eran chicos y no tenían tripulantes, sólo formaban parte de la diversión.

Una inolvidable experiencia. Cuando Cantolla se encontraba ya viejo, tenía sesenta años, y muy enfermo, un cierto día de 1914, don Joaquín conoció a Alberto Braniff, aeronauta mexicano, quien había traído de Francia un gran globo en el que cabían seis personas, e invitó a Cantolla a participar en un vuelo que iba a realizar. Al recibir la invitación Joaquín dijo: No quiero morirme sin sentir la emoción de volar un globo moderno como el suyo: [comento al joven aeronauta] si usted me concede este placer y honor, me sentiré el hombre más feliz de la tierra. Ya estoy viejo y he recibido muchos porrazos, en uno de ellos como sabe, perdí un ojo, y lo tengo de vidrio, pero la afición la tengo de verdad…

Muere don Joaquín. El globo de Branifff era grande y se infló con 2,200 m3 de gas. El vuelo dio inicio en la Estación Colonia, continuó por la Calzada de la Piedad, y atravesó el Panteón Francés.    Cuando estaban en el aire, tuvieron la mala fortuna de que un golpe de aire llevase el globo al Valle de Chalco, donde se encontraban las tropas zapatistas de Genovevo de la O, quienes empezaron a dispararle al globo, pero no lograron derrumbarlo, gracias a la oportuna intervención del ejército. Pero el susto fue muy grande, y a Joaquín de la Cantolla le dio un derrame cerebral, que le mató el 20 de marzo, pocos días después del susto llevado.

Otra versión de su muerte cuenta que el vuelo en el globo de Braniff fue todo un éxito y que terminó en las afueras del pueblo de Tlalpan. Cantolla agradeció a Braniff la invitación, para morir varios días después en su casa, a causa de un golpe en la cabeza que se diera al resbalar. Murió desilusionado de los globos, afirmando que era imposible crear un aparato que volara a voluntad del hombre.

El corrido del famoso. Su fama fue tan grande que un anónimo compositor popular le dedicó un corrido que inicia así: Don Joaquín de la Cantolla / aeronauta singular / el domingo va a subir/ en su globo original. / Nunca pierde don Joaquín / la ocasión que se presenta, / y las veces que ha ascendido / son mucho más que noventa. / Tanto y tanto sube y baja / al traste dará con él / y el día menos pensado / con alas va a amanecer. / Es el aire su elemento / allí fuma, come y ronca, / en México no se ha visto / otro que iguale a Cantolla. /El mundo entero lo envidia, / los muchachos sobre todo / pues quisieran a porfía / de su canasto ir a bordo…

 

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