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El “Árbol de la Vida”

Para muchas culturas como la egipcia, la hindú y la griega, para no mencionar sino algunas, el árbol ha sido un símbolo religioso al cual se ha venerado y rendido tributo. Para comprender tal veneración es necesario pensar que el significado del árbol nos remite al concepto de la vida: al ciclo de generación, crecimiento y regeneración. Es la vida en continuo movimiento, en continuo cambio.

Dentro de la concepción cristiana se cree que su verticalidad y su estructura le otorgan la posibilidad de ser el conductor por medio del cual se llega a los tres mundos básicos de la mitología, a saber: las raíces representan el inframundo; el tronco el mundo medio o humano; y la copa simboliza el mundo superior o celestial. Asimismo, el catolicismo considera que en el Paraíso existía un árbol doble y oculto, que representaba tanto la vida como el conocimiento del bien y del mal, mismo que podemos equiparar a la sabiduría. Dicho conocimiento se vuelve asequible hasta que Adán lo descubre con las fatales consecuencias que todos conocemos.

Ahora bien, el concepto mágico-religioso del árbol no es privativo de las culturas occidentales y asiáticas, pues en el ámbito de la cosmología mexica existía un árbol para cada uno de los puntos cardinales: en el este se encontraba un sauce; en el oeste una palma; en el norte un nopal; en el sur un mezquite; y en el centro una planta de maíz.

Este último “árbol” (así lo consideraban los mexicas), la planta sagrada del maíz, era el más importante puesto que al estar colocado en el centro simbolizaba el ciclo de vida, lo que nace, lo que se renueva, de donde surge la vida. Por estar en contacto con la tierra, presuponían los antiguos nahuas una indudable liga con el inframundo y, por ende, con la muerte.

A su vez, para los mayas antiguos en cada uno de los puntos cardinales se encontraba una ceiba de diferente color: la del este era roja; la del oeste, negra; blanca la del norte; y amarilla la del sur. La ceiba era el árbol madre de donde brotaba la vida.

En 1521 los españoles terminaron con las culturas indígenas. Impusieron su ideología en todos los órdenes de la vida social y religiosa. El catolicismo triunfó sobre las religiones mesoamericanas, y en ciertas manifestaciones culturales se produjo un sincretismo, como por ejemplo en las artesanías y en otros muchos campos de la cultura indígena.

Una de las artesanías más importantes de México es la cerámica o alfarería. En todos los estados de la República los artesanos elaboran piezas de barro. Con dicho material se hacen vasijas, incensarios, comales, ollas, jarros y muchos objetos más entre los que destacan los llamados “árboles de la vida” de Metepec, Estado de México y de Izúcar de Matamoros, Puebla. Los más tradicionales reproducen el Paraíso. En ellos aparecen Adán, Eva, la serpiente, el árbol y la manzana; todo ello colocado en una estructura arbórea en la que aparecen flores, frutas, follaje y pájaros. Algunos de ellos representan “nacimientos”, es decir, el pesebre donde María y José esperaron el nacimiento de Jesús. Otros, denominados “árboles de la muerte” tienen escenas mortuorias con abundantes esqueletos en las ramas.        También encontramos representaciones del Diluvio bíblico, con Noé y su arca acompañado de los animales que salvó de morir.

Hay árboles de diferentes tamaños, desde treinta centímetros hasta un metro o más, hechos de barro horneado y pintados con colores vistosos. Se usan como adorno o como elemento ritual para colocar en los altares de muertos.

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