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El Día de los Santos Inocentes

El Día de los Dantos Inocentes se celebra el 28 de diciembre. Por desgracia, la costumbre está casi perdida, a no ser por algunas bromas que gastan periódicos como La Jornada, por ejemplo, donde publican, en esta fecha, noticias estrafalarias modificando las verdaderas, con el fin de hacernos “inocentes” a los lectores.

El Día de los Santos Inocentes tiene su origen en el relato del Evangelio según San Mateo, en donde se cuenta que el 28 de diciembre tuvo lugar la matanza de niños que Herodes ordenó se hiciera en Belén, con el propósito de deshacerse del Niño Dios, quien constituía una seria amenaza para el gobierno colonial de los romanos en Oriente y para la religión pagana. Veamos la cita bíblica:

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.

Desde el siglo IV se conmemora del Día de los Santos Inocentes con las homilías de Gregorio de Niza y Gregorio Nacianceno, asociándola con la Navidad, y a mediados del siglo V, con la Epifanía y la adoración de los Reyes Magos.

En nuestro país, desde hace mucho tiempo, desde los inicios de la Colonia, en este día se llevaban a cabo bromas entre los familiares y amigos. Consistían éstas en pedirles prestado algo de dinero o algún objeto de poca valía. Una vez obtenido lo prestado, se le recitaba a la “inocente víctima” el siguiente estribillo:

Inocente palomita

Que te has dejado engañar,

Sabiendo que en este día

Nada se puede prestar.

Obviamente lo prestado se devolvía poco tiempo después. La costumbre dictaba que el objeto o el dinero, debía regresarse sobre una charolita de hojalata, encima de la cual se colocaban juguetes en miniatura.

Si la embromada era una mujer, se ponían juguetes en relación a su sexo: escobetitas, planchitas, escobitas, etcétera; si por el contrario se trataba de un hombre, se le ofrecían martillitos, pincitas, serruchitos, escaleritas y carritos.

Una vez devuelto lo supuestamente perdido para siempre, se agregaba a la charolita una tarjeta con el siguiente verso:

Herodes cruel e inclemente

Nos dice desde su fosa,

Que considera inocente

Al que presta alguna cosa.

 

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