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El mesón de Paniagua

Pedro Hernández Paniagua era un español gordezuelo y ambicioso que un buen día tuvo la grata idea de fundar un mesón. La idea le llegó ya que a partir de la caída de Tenochtitlan, la ciudad se empezó a llenar de visitantes que llegaban de España y no tenían en dónde alojarse, pues la ciudad sólo contaba con las casas de los conquistadores, muy bien construidas y amobladas, y con los edificios públicos que se requerían para el gobierno de la ciudad.

Así pues. Paniagua puso manos a la obra y, a cuatro años de la victoria hispana, el mesonero en ciernes pidió permiso a las autoridades para abrir un mesón que subsanara la carencia de alojamientos públicos y que brindara a los viajeros y visitantes un lugar donde pudiesen acogerse y disfrutar de una buena comida y un sabroso vino. Como quedó asentado en la Actas de Cabildo, el permiso le fue concedido el primero de diciembre de 1525, como puede leerse en los documentos oficiales:

Este dicho día de pedimento de Pedro Hernández Paniagua los dichos señores dixeron que le hacían e hicieron merced de le dar licencia que pueda hacer un mesón en sus casas a donde pueda acoger a los que a él vinieren e les vender pan e vino e carne e todas las otras cosas necesarias con que guarde e cumpla el arancel que les será dado acerca de los precios que han de llevar de las dichas cosas que vendiere…

El 9 de enero del siguiente año, el Ayuntamiento, por medio del Alcalde Mayor y los regidores, otorgó a Pedro Hernández Paniagua el arancel en el cual quedaban establecidas las condiciones del negocio y los precios que debía cobrar por sus servicios. Una persona con derecho a cama con jergón y ropa de cama, debería pagar un real. El Ayuntamiento ordenó que la tarifa de los precios estuviese a la vista de los clientes, en caso contrario, el mesonero estaba obligado a pagar una multa de veinte pesos oro, de la cual diez pesos se destinarían a obras y los diez restantes serían para el juez y el denunciante. Veamos el documento que a la letra dice:

…que el dicho Pedro Hernández u otro cualquier mesonero de esta Ciudad lleve por cada tabla a cada persona que diere de comer o cenar dándole asado e cocido e pan e agua, un tomín de oro. Yten que lleve por cada persona que durmiere en su casa dándole cama de su xergóne ropa limpia de la tierra, un real. Yten que lleve por cada almud de maíz medio real. Yten que si vendiere azeite e vinagre o quezo por menudo, que gane la tercia parte de cómo valiere en la Ciudad al dicho tiempo por arroba. Todo lo cual mandaron que guarde e cumpla el dicho mesonero o otros cualquiera que tuvieren mesón en esta Ciudad, so pena de que por primera vez lo paguen con el quarto tanto que asy llevaren en demasiado e por la segunda las setenas e por la tercera le sean dados cient azotes públicamente. E mandaron que tenga este arancel en parte de donde se pueda ver e leer para que cada uno sepa lo que ha de dar…

El mesón de Paniagua se encontraba en la Calle de Mesones en pleno centro de la Ciudad, y cabe mencionar que la calle aún existe, y en donde se asientan restaurantes árabes y comercios de toda índole.

Existe un dato curioso, no comprobado a satisfacción, que informa acerca de la existencia de un hostal fundado en 1525, en el edificio donde ahora se encuentra el Hostal de cortés, en la Avenida Hidalgo, justamente frente a la Alameda. Pero a falta de datos fidedignos sólo nos limitamos a mencionarlo.

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