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El Popocatépetl, el Cerro que Humea

Cómo es el Popocatépetl.

El Popocatépetl es un volcán que tiene una altura de cinco mil cuatrocientos sesenta y cinco msnm, lo que le convierte en el segundo volcán más alto de México, después del Citlaltépetl. En el año 5 Conejos, en 1345 d.C. y antes de que hiciera erupción, los mexicas le conocían con el nombre de Xalliquehuac, “arenas que se levantan”. Para algunos investigadores, la primera erupción ocurrió en 1347.

Se trata de un volcán joven en estado fumarólico, que ocupa un área de quinientos metros cuadrados, cuyo cráter presenta un diámetro de alrededor de ciento cincuenta metros. Ha tenido varias erupciones importantes, y en los últimos mil doscientos años veinte explosiones en las que ha arrojado ceniza y piedra pómez. La última erupción importante tuvo lugar en el año 2000. Por lo tanto, se trata de un volcán activo localizado en los estados de México, Puebla, y Morelos, a setenta y dos kilómetros de la Ciudad de México. Su forma es cónica y se une con el Iztaccíchuatl por el norte por el llamado Paso de Cortés. En su cumbre siempre existen glaciares perennes. Su edad aproximada es de setecientos treinta mil años.

La veneración al Popocatépetl

Al Popocatépetl se le ha adorado desde tiempos muy antiguos. En el sitio preclásico de Tetimpa, Puebla, (50 a.C.-100 d.C.) se ha encontrado un adoratorio dedicado a tal volcán, cuyo culto es bastante antiguo y uno de los primeros, con una antigüedad de dos mil años. Tetimpa fue una aldea que sus moradores abandonaron precisamente a causa de una terrible erupción del volcán que la sepultó completamente. Asimismo, se ha considerado al Popocatépetl como el dios de la lluvia Tláloc, como lo prueba el glifo que presenta al dios sentado en el dibujo del Popocatépetl que aparece en el Códice Vaticano. Al inicio del Período Clásico, los nahuas lo relacionaban con el culto a los muertos, y por ende, a los antepasados.

La fiesta Tepeihuítl dedicada al Popo

Desde antes del siglo XVI, las faldas del volcán se encontraban habitadas, ya que las tierras eran fértiles a causa del agua que salían del volcán, las cuales permitían muy buenas cosechas de maíz. Debido a este hecho, el Popo era muy venerado por los indios que habían vivido en esas tierras desde tiempos muy antiguos. En sus ceremonias anuales le dedicaban al volcán ofrendas, rituales y se llevaban a cabo sacrificios humanos. Esta fiesta era conocida por los mexicas con el nombre de Tepeilhuítl, que era el décimo tercer mes del año. En esta fiesta se hacía la imagen del volcán en forma humana con pasta de tzoalli. Se colocada sobre roscas de heno y se amarraba con mecates, para ofrecérsela al Popo, junto con palos cubiertos con la misma masa que semejaban culebras. A los pies de la imagen del Popocatépetl, los sacerdotes colocaban unos huesos, también  de masa de alegría, llamados yomio. El buen fraile fray Bernardino de Sahagún, nos dice al respecto: …La cabeza de cada monte tenía dos caras, una de persona y otra de culebra, y untaban la cara de persona con ulli derretido, y hacían unas tortillas pequeñuelas de masa de bledos amarillos y poníanlas en las mejillas de la cara de persona, de una parte y de otra; cubríanlas con unos papeles que llamaban teteuitl; poníanlos unas corazas en las cabezas, con sus penachos.

Para llevar a cabo los sacrificios se mataban algunas mujeres a las que llamaban Tepéxoch (o Tepexóchiltl) Flor delCerro; Matlalcue, La de la Falda Azul; Xichitécatl; y Mayáuel, la diosa del maguey, y también sacrificaban a un hombre que recibía el nombre de Milnáuatl, La Imagen de las Serpientes. Todos ellos iban adornados con papeles y untados de hule derretido. Los llevaban en literas en una procesión que portaban mujeres vistiendo hermosos huipiles y hombres muy bien arreglados y afeitados. Al llegar al templo donde se había de sacrificar a los elegidos, se les subía a lo alto, se les colocaba uno a uno en la piedra de los sacrificios, se les abría el pecho con un pedernal y se les sacaba el corazón, que se le ofrecía al dios de la lluvia Tláloc. Acto seguido, las cabezas de los sacrificados se colocaban en el tzompantli. Los cuerpos se llevaban a los diferentes barrios de donde provenían los ejecutados, y al día siguiente, día llamado texinilo, se comía la carne de sus cuerpos.  La pasta de las imágenes se guardaba en las casas de los que las habían hecho, y se iba comiendo poco a poco. Así terminaba la fiesta dedicada a Popocatépetl.

El cronista fray Diego de Durán nos informa que: Conviene a saber, que llegado el día solemne de la veneración de este cerro, toda la multitud de la gente que en la tierra había, se ocupaba en moler semillas de bledos y maíz, y de aquella masa hacer un cerro, que representaba el volcán. Al cual ponían sus ojos y su boca y le ponían en un prominente lugar de la casa, y alrededor de él, ponían otros muchos cerrillos de la mesma masa de tzoalli; con sus ojos y su boca, los cuales todos tenían sus nombres, que eran el uno Tláloc, y el otro, Chicomecóatl, e Iztac Tepetl y Amatlalcueye y juntamente a Chalchiuhtlicuye, que era la diosa de los ríos y fuentes que de este volcán salían, y a Cihuacóatl.

Primeras ascensiones al Popocatépetl

Según nos cuentan las crónicas, cabe a los tecuanipas, grupo chichimeca que se asentó por el rumbo de Amecameca en el año de 1295, Tres Caña, la gloria de haber sido los primeros valientes que lo escalaron con éxito. Los tecuanipas procedían de Chicomoztoc, “el lugar de las siete cuevas”, cuando llegaron a la región chalca llevaron con ellos varios objetos de valor que les permitió ser aceptados por los pobladores anteriores como vasallos adoradores de Mixcóatl. (Cfr. Sonia Iglesias, Las primeras ascensiones al Popocatépetl)

Cuando llegaron los conquistadores españoles Diego de Ordaz decidió ascender al Popocatépetl, cuando escuchó a unos indígenas afirmar que ningún español podría hacerlo. Ordaz pidió el permiso a su capitán Hernán Cortés y acompañado de dos soldados y algunos indios y emprendió la marca hasta la cima. Los indios se quedaron por el camino, pero Diego llegó al cráter que aventaba fumarolas y piedras.

La leyenda de don Goyo

Los habitantes de las faldas del Popocatépetl cuentan que muchas personas han visto a un viejito que va caminando, y a veces se detiene para contar historias a quien quiere oírle. Son historias que siempre contienen una moraleja. El viejito dice que se llama don Goyo y es la representación terrenal del Popocatépetl, siempre aconseja que se respete al volcán, para que los habitantes puedan seguir recibien el agua necesaria para obtener una buena cosecha.

Desde que los hombres han explotado sin ton ni son las riquezas que produce el Popo, como por ejemplo la tala inmoderada de los árboles, don Goyo se encuentra muy molestó, y su molestia la expresa echando fumarolas, lava y cenizas, para castigar la inconsciencia de las personas.

 

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