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El Temazcalli, el vientre de la Madre

La palabra temazcal proviene del náhuatl temaz, sudor, y calli, casa, lo que vendría a significar “casa del sudor”. Su origen es muy antiguo, alrededor de cinco mil años, pues ya era empleado en la zona de Mesoamérica con intenciones rituales, terapéuticas e higiénicas (como hasta ahora se sigue usando), su empleo era frecuente, de uso cotidiano. Lo utilizaron culturas tales como la teotihuacana, tolteca, tlatelolca, mexica, maya, paquimé, zapoteca, purépecha y mixteca, como lo prueban los vestigios que se han encontrado en sitios arqueológicos. Carlos Zolla en su libro Medicina Tradicional Mexicana nos dice que: En el área mesoamericana, si bien aparecen diversas modalidades, se mantienen elementos centrales: una sala de vapor diseñada para mantener una alta temperatura y concentración de vapor de agua; un horno o fogata que sirve para calentar el cuarto, que muchas veces es una construcción anexa a la sala de vapor, pero en otras queda incluido en su interior; una puerta que generalmente es muy baja, hasta el punto de que para entrar hay que arrastrarse de rodillas; un pequeño agujero como ventilador, que permite la salida de humo antes de introducir al paciente; y el desagüe que permite la circulación de agua.

En cuanto a su construcción, esta podía variar según la cultura: en forma cónica, cuadrada, rectangular, circular, etc. Lo mismo ocurría con sus medidas de largo, ancho y altura. Sin embargo la más común de las construcciones de temascal en la ápoca mesoamericana fueron la rectangular de techo plano y la redonda. Francisco Javier Clavijero (1731-1787) historiador novohispano constata que: El temazcalli o hipocausto mexicano se fabricaba por lo común de ladrillos crudos. Su forma semejante a la de los hornos de pan; pero con la diferencia de que el pavimiento del temazcalli es algo convexo, y más bajo que la superficie del suelo. Su mayor diámetro es de cerca de ocho pies y su mayor elevación de seis. Su entrada, semejante también a la boca de un horno, tiene la altura suficiente para que un hombre entre de rodillas. En la parte opuesta a la entrada, hay una hornilla de piedra o de ladrillo, con la boca hacia la parte exterior, y con un agujero en la parte superior, para dar salida al humo. La parte en la que la hornilla se une al hipocausto, la cual tiene dos pies y medio en cuadros, está cerrada con piedra seca de tezontli, o con otra no menos porosa que ella. En la parte superior de la bóveda hay otro agujero como el de la hornilla. Tal es la estructura común del temazcalli; pero hay otros que no tienen bóveda ni hornilla, que se reducen a unas piezas cuadrilongas, bien cubiertas y defendidas del aire. Dentro del temascal se calentaban rocas volcánicas, llamadas “abuelas” que al cubrirlas con agua de hierbas variadas generaban vapor. En el temazcal intervenían cuatro elementos sagrados y fundamentales: el agua, el viento, el fuego, la tierra, más las hierbas curativas y rituales indispensables.

La construcción y orientación de los temascaltin prehispánicos estaba sujeta a concepciones cósmicas, como continúa sucediendo entre algunos pueblos indígenas de la actualidad; por ejemplo, entre los nahuas del estado de Hidalgo, quienes orientan la construcción hacia el este, por donde sale Tonatiuh, el Sol, el que brinda la luz y fertiliza el vientre de la Madre Tierra; lo mismo sucede con la puerta de entrada, dirigida hacia el camino de la muerte, donde se inicia el día y termina con la puesta del Sol, hacia el oeste, donde muere cada día. Hacía el norte se dirigían las peticiones de permiso y las ofrendas, implicaba el viento y el crecimiento, lo que está arriba. Hacia el sur, se efectuaban las ceremonias de inicio, y se colocaban las ofrendas a la tierra y a la reproducción, a lo que está abajo.

Los pueblos nahuas tenían como diosas del temazcal a la diosa Teteo Innan, la Madre de los Dioses, y a su advocación como Temazcaltoci, la Abuela de los Baños de Vapor, y diosa de la medicina, así como a Yoaltícitl, la Médica de lo Oscuro, venerada por los médicos y las parteras. Por ende, se encuentra vinculado a la diosa Toci, ya que tal baño representa el vientre de la madre. Como lo constataba fray Bernardino de Sahagún cuando habla de lo que decían las parteras a las parturientas: …por cuya causa llamaís y dais voces a la madre de los dioses, que es la diosa de las medicinas y médicos, y es madre de todos nosotros, la cual se llama Yoaltícitl la cual tiene poder u autoridad sobre los temazcales que se llaman xochicalli, en el cual lugar esta diosa ve las cosas secretas y adereza las cosas desconcertadas…

En la sociedad mexica hubo mujeres llamadas sopladoras que tenían como función ayudar a las personas que entraban a tomar un baño en el temazcal, las azotaban con plantas específicas y soplaban sobre el fuego que calentaba el baño. Si el que se bañaba era hombre, la encargada era una sopladora; si mujer, le correspondía un soplador. Dichos sopladores se consideraban personas de mucha importancia y cuando acudían a cumplir con sus tareas, recibían regalos en comida y pulque. Asimismo, los sopladores se encargaban de llevar a cabo los rituales del calentamiento de baño; generalmente se trataba enanos y jorobados, quienes lavaban el cuerpo con hojas de elote; aunque podían no serlo. Todos ellos pertenecían a los macehualtin, al pueblo.

Termínenos nuestro artículo asentando que si bien todo el pueblo mexica empleaba el temazcal y contaba con uno en su casa, éste era más favorecido por los nobles que gozaban de más tiempo para bañarse en el momento que lo desearan. En el área del baño estaba una chimenea y una cocina cuyos muros mantenían el calor del cuarto; cuando se tomaba el baño se vería agua sobre la pared de dicha cocina -que se mantenía caliente por medio de un horno constantemente encendido – para producir el vapor. A la hora de tomar el baño se colocaban en el temazcal hojas aromáticas; una de las más frecuentes fue la cacaloxóchitl planta medicinal con flor ornamental de mucho uso entre los mexicas.

 

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