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El Tzompantli

La palabra tzompantli significa en lengua náhuatl hilera de cráneos; está formada por el vocablo tzontli, cabeza, y pantli, fila o hilera. El Tzompantli en las las culturas mesoamericanas era una estructura de madera donde se ensartaban las cabezas de los sacrificados, con el propósito de venerar a los dioses, adorarlos y mantenerlos contentos y satisfechos con tal ofrenda. Estos hombres sacrificados durante las múltiples fiestas que celebraban los mexicas durante todo el año, eran sobre todos cautivos de guerra o ixiptla, representantes de los dioses escogidos ex profeso.

La cosmogonía mexica nos dice que las calaveras ensartadas debían acompañar a Tonatiuh desde el amanecer hasta las doce del día, momento en el cual las mujeres muertas durante el trabajo de parto, aparecían para acompañarlo hasta que el Sol se metía en el Mictlan, iniciaba su recorrido por el Inframundo y volvía a salir al otro día por el oriente.

Los cráneos se colocaban en el Tzompantli perforando un agujero en las sienes; algunas veces se les habían quitado previamente los cabellos y la carne, pero en otras ocasiones no. Las dimensiones de los tzompantli variaban según la cultura, la región o el gusto. Por ejemplo, en la ciudad de Tenochtitlan hubo siete dedicados a diferentes dioses y seguramente de distintos tamaños. Andrés de Tapia (1498 ¿-1561) cronista y soldado español, refiere que frente al gran templo de Tenochtitlan: estaban frontero de esta torre, sesenta o setenta vigas muy altas hincadas desviadas de la torre cuanto un tiro de ballesta, puesta sobre un treatro [sic] grande hecho de cal e piedra e por las gradas de él muchas cabezas de muertos pegadas con cal e los dientes hacia afuera. Estaba de un cabo e de otro destas vigas dos torres hechas de cal e de cabezas de muertos, sin otra alguna piedra, e los dientes hacia afuera en lo que se pudie parecer, e las vigas apartadas una de otra que una vara de medir, e desde lo alto dellos fasta abajo puestos palos cuan espesos cabien, e en cada palo cinco cabezas de muerto ensartadas por las sienes en el dicho polo: e quien esto escribe, y un Gonzalo de Umbría, contaron los polos que habie e multiplicando a cinco cabezas cada palo, de los que entre viga y viga estaban, como dicho he, hallamos a ver ciento treinta y seis mil cabezas, sin las de las torres. Sin duda se refiere al Gran Tzompamtli encontrado en las calles de República de Guatemala en el Centro Histórico de la Ciudad de México, muchos siglos después.

En la cultura maya también se encuentra el concepto del Tzompantli, como lo prueba la existencia del encontrado en Chichén Itzá, en la Gran Nivelación, y fechado por los arqueólogos hacia el Clásico Terminal (ca. 800-1050 d.C.). Consistía en una empalizada colocada sobre una plataforma donde se ensartaban los cráneos de los guerreros enemigos de cuatro en cuatro. Las excavaciones arqueológicas demostraron que dentro de la plataforma había una figura de chac mool con tocado de plumas, pectoral en forma de mariposa, cráneos con ofrendas y fragmentos de un anillo perteneciente al Gran Juego de Pelota. La estructura del tzompantli tiene forma de “T”, y su base sostiene tres tableros decorados por calaveras en alto relieve. Son quinientas calaveras las que tiene el tablero decorado. Este tzompantli se encontró en el año de 1951. La plataforma es rectangular de sesenta metros de largo por doce de ancho. En el cuerpo de la “T” hay bajorrelieves de guerreros que llevan ofrendas y águilas, la estructura remata con cabezas de serpientes emplumadas.

En la legendaria Tollan-Xicocotitlan, fundada hacia 968 o 980 d.C. y ciudad de los toltecas, se encontraba un tzompantli, plataforma no muy alta que se encuentra cerca de la pirámide principal y que cumplía las mismas funciones rituales.

Por su parte, los purépecha después de haber drogado a las víctimas destinadas al sacrificio en honor de los dioses de su panteón, por medio de una bebida de hierbas especiales, y una vez que los hupitiecha les habían atado los pies y manos, se llevaban a la piedra llamada iyapáraqua, situada en lo alto de los templos, donde el axamiecha les arrancaba el corazón. Poco después los quiquiecha colocaban las cabezas de los muertos en el eraquaréquaro; es decir, el tzompantli.

En Zultepec-Tecoaque, fundado hacia el año 1200 d.C., para el siglo XVI era una importante zona cultural situada en el occidente del actual estado de Tlaxcala. Según nos informan los investigadores Enrique Martínez y Ana María Joaquín, Zultepec fue completamente destruida por los españoles en venganza por la captura de una caravana de españoles e indios aliados -provenientes de Veracruz- por parte de los acolhuas de Zultepec, quienes les sacrificaron y les sacaron el corazón a todos los integrantes y colocaron sus cráneos en el tzompantli. Siglos después, al realizarse excavaciones arqueológicas en el sitio que nos ocupa, se encontraron entierros con huesos pertenecientes a europeos que presentaban perforaciones en las sienes, de donde se infiere que en un momento dado fueron expuestos en el tzompantli ubicado en la zona ceremonial de Zultepec. En los entierros se encontraron también los cráneos de una mulata y de indígenas de varias étnias. Los investigadores afirman que: Como resultado del análisis realizado se definió que siete de los catorce cráneos son masculinos y siete femeninos, dividiéndose en dos grupos. El primero, de origen amerindio, está integrado por tres cráneos con características morfológicas que permiten proponer su origen otomí; por dos cráneos que pertenecen a personas originarias de la costa del Golfo y por otros dos relacionados con grupos étnicos del centro de México, posiblemente tlaxcaltecas; todos ellos masculinos. Por último, destaca la presencia del cráneo de una mujer, que por sus características morfológicas se presupone del área maya. En el segundo grupo, de origen no mesoamericano, se ha podido confirmar la presencia del cráneo de una mulata; el resto de los cráneos son de personas de origen europeo. También se ha podido concluir que los cráneos expuestos en el tzompantli de Zultépec-Tecoaque correspondían a personas adultas, de entre 20 y 35 años.

Terminamos nuestro artículo con la mención de este curioso hecho.

 

 

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