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El virrey don Antonio de Mendoza. I

Una vez acaecida la derrota del imperio azteca y rendida la ciudad de Mexico-Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521 comandada militarmente por Cuauhtémoc, Hernán Cortés se auto nombró gobernador y capitán general de la Nueva España, y da inicio una nueva etapa en la historia de nuestro país que debía durar quinientos años de explotación maltrato de los pueblos indígenas. Inmediatamente Cortés ordenó que fuesen derribados los edificios sagrados y civiles de la antigua ciudad indígena, a fin de edificar sobre ella la nueva capital de lo que llamaron la Nueva España; y cuyos primeros colonos hispanos los formaban los capitanes del ejército del capitán. Poco a poco se fue implantando el sistema económico, las instituciones y la cultura españolas, impuestos de manera brutal sobre la población existente en el territorio que, con el andar del tiempo, sería la República Mexicana.

Una vez llevada a cabo la toma de Tenochtitlan, en el lapso comprendido entre el otoño de 1521 y el verano de 1522, Alfonso García Bravo junto con Bernardino Vázquez de Tapia y dos aztecas cuyos nombres no han pasado a la historia, se abocaron a la planificación de lo que habría de ser la primera traza de la Ciudad de México, en su calidad de ciudad española. El encargo fue hecho por órdenes del Ayuntamiento, que a la sazón estaba situado en el pueblo de Coyoacán, al sur de Tenochtitlan, pues, como es fácil suponer, la ciudad indígena se encontraba totalmente destruida, o empezaba la demolición de los pocos edificios que habían logrado quedar en pie, como fue el caso del espectacular Templo Mayor. A partir de eje formado por los puntos cardinales norte-sur y oriente-poniente de este centro ceremonial, se siguieron los lineamientos que habrían de sustentar a la nueva ciudad.

El virreinato dio inicio en nuestro país el 1° de enero de 1535, por Real Cédula de Carlos I, aun cuando oficialmente se instauró el ocho de marzo del año antes mencionado. El virreinato de la Nueva España comprendía territorios en Norteamérica, Asia y Oceanía, los cuales se organizaron con base en la encomienda, institución social y económica mediante la cual se debía retribuir con trabajo o especie, el bien ola prestación que se hubiese recibido. As encomiendas se otorgaron a los españoles que habían tomado parte en la conquista. En sus territorios tenían poder absoluto sobre los habitantes indios.

El rey de España instauró el Consejo de Indias, que tenía como función el regular las leyes y el comportamiento de las autoridades de la Nueva España. Pero su eficacia fue realmente mínima. Entonces Carlos I decidió crear el virreinato, el mismo que sería gobernado por un virrey que hiciera cumplir las leyes a que estaban renuentes los colonos españoles. En el virrey recaían las tareas de la administración pública, las judiciales y las legislativas. Era la representación personal del rey.

Don Antonio de Mendoza y Pacheco nació en Granada; aunque algunos historiadores afirman que fue en Alcalá la Real, y aún en Valladolid, España, entre 1490-1493, y murió en el Perú en 1554. Sus padres fueron don Íñigo López de Mendoza, segundo conde de Tendilla y primer marqués de Mondéjar, y doña Francisca Pacheco Portocarrero. Su nieto Francisco Fernández de Córdoba, en su genealogía, sostiene que su abuelo nació en Mondéjar, Guadalajara, España A pesar de lo que se cree, don Antonio no fue conde de Tendilla, pues el título le tocó a su hermano mayor Luís Hurtado de Mendoza, que poseía el mayorazgo. Vivió en Granada donde su padre fue Capitán General y sus funciones eran las de virrey. Este nombramiento lo debió a los Reyes Católicos. En esta tierra, el la Alhambra y rodeado de moros conversos o no, Antonio aprendió de su padre a ser tolerante y negociador, las funciones de virrey, de regidor del Cabildo y de tesorero de la Casa de Moneda. También aprendió a convivir con personas de culturas ajenas a la suya: la mora y la judía. Tal fue su compenetración con la cultura mora que su padre tenía que recomendarle que, para los arreglos y citas de importancia, se vistiese a la manera cristiana. Este hecho queda constatado en una nota que envió su padre al hermano de Antonio y que citan Peggy Lyss y Emilio Meneses:Da Priesa en que se venga luego tu hermano don Antonio, que me escrivió el marqués de Denia que lo enbiase, y di a Lázaro de Peralta lo que le haga de vestir y sea a la castellana, y véngase luego él y los Añascos con él. De paramentos para su cama no curas que acá se avrán.

 

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