Historia de dos canciones: “Canción Mixteca” y “La Pajarera”

Artículo dedicado a Héctor Kramer y a Óscar Iglesias

La muy hermosa canción mixteca nació en el año de 1915, gracias a la inspiración del oaxaqueño José López Alavez, originario de Huajuapan de León (1889-1974). Este ilustre músico tuvo como padres a Rita Alavez y a José López. Después de haber estudiado guitarra y mandolina desde muy pequeño, ingresó a la banda infantil como clarinetista. Posteriormente, en 1907, se fue a la Ciudad de México a fin de entrar a estudiar en el Conservatorio de Música. Por ser tan diestro en el clarinete, Porfirio Díaz le premió durante las celebraciones del Centenario de la Independencia.

En 1914, se fue a la Revolución, y se integró a las bandas militares con las que contaba la famosa División del Norte que encabezaba Francisco Villa, formada por gente del pueblo: rancheros, caporales, vaqueros… Cuando gobernaba el país Álvaro Obregón, José se unió a la Banda de Policía con la que llegó a tocar en los estados Unidos y en Cuba. A este inolvidable músico se deben canciones tales como Cuánto te quiero morena, Campanas pueblerinas y Linda Chiquita, sin olvidar la inmortal Canción Mixteca.

Esta última canción, la escribió en 1915 en la Ciudad de Querétaro, con la cual ganó el primer lugar en el Concurso de la Canción Mexicana organizado por el periódico El Universal. La inspiración le llegó por la terrible añoranza que sentía de sus lares mixtecos; entonces, bajo un árbol de la Alameda Hidalgo, con lágrimas en los ojos, escribió la inmortal canción, pleno de sentimientos y nostalgia. La letra comienza: ¡Qué lejos estoy del suelo donde he nacido!/ Inmensa nostalgia invade mi pensamiento; /Y al verme tan solo y triste cual hoja al viento,/ Quisiera llora, quisiera morir de sentimiento.

En el año de1882 nació Manuel María Ponce Cuéllar, músico y compositor mexicano, en una casa sita en la Plazuela del Maíz, en la ciudad de Fresnillo, Zacatecas, donde su padre, el señor Felipe de Jesús Ponce, trabajaba como tenedor de libros para una empresa minera de plata; mientras que su madre María de Jesús Cuéllar se dedicaba al interminable trabajo doméstico, y a su afición musical, que heredaría a sus cuatro hijos. Gracias a su madre, Manuel, ya a los seis años interpretaba melodías de moda. De regreso a la tierra de sus progenitores, Aguascalientes, cuando cumplió diez años, entró como discípulo con el maestro de piano Cipriano Ávila. Más adelante, participó en el Coro Infantil del Templo de San Diego, y fue ayudante de órgano.

Como sus aspiraciones eran grandes, decidió irse a la Ciudad de México para estudiar con destacados maestros como Eduardo Gabrielli y Vicente Mañas, y para entrar en el Conservatorio Nacional de Música, donde estuvo hasta 1903. Luego de estudiar música en Bolonia y Alemania, se dedicó a la enseñanza en México, para luego ir a la Habana a dar clases y a escribir en varios periódicos, acompañado de su amigo el escritor Luis G, Urbina. A su regreso a nuestro país, en 1918 ejerció como director de la Orquesta Sinfónica de México, para posteriormente ocupar la dirección del Conservatorio Nacional de Música.

Un año después de recibir el Premio Nacional de Ciencias y Artes, murió en 1948, en la capital del país, donde sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores.

Por la inspiración de la música y de las canciones del pueblo que plasmó en sus múltiples composiciones, se le atribuye el mérito de ser el creador del nacionalismo musical mexicano, iniciado en el año de 1912. Su música comprende composiciones para guitarra y piano, conciertos y óperas, más sus canciones populares, entre las que podemos mencionar La barca del marino, Trigueña hermosa, Valentina, Las mañanitas, El desterrado… y la inolvidable La Pajarera, cuya letra inicia así: Al llegar la estación cariñosa,/ donde alegres cantaban las aves,/ vamos pues mi querida Rosita/ a escuchar esos dulces cantares./ Ya cayó un pajarillo jilguero,/ ya cayó un pajarillo silvestre,/ ya cayó un par de gorriones,/ ya cayó un gavilán prisionero./ Cuando a México vayas Rosita,/ a venderlos a la capital,/ cinco pesos será el menor precio/ que ellos puedan valer por allá…

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