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In Cuicatl in Xóchitl. II.

Los músicos mexicas. Menciono ahora algunos de los músicos más importantes y sus cargos dentro del ámbito músical. El ometochtli fue uno de los dos sacerdotes principales que dirigían la escuela de música conocida con el nombre de Cuicacalli. Se le consideraba el representante del Dios del Pulque y era el maestro de todos los cantores. Tenía la obligación de cantar en varios templos.

El tlapizcatzin, o “Señor de la Casa de las Flautas”, era el otro sacerdote encargado del cuidado de la Cuicacalli. A él correspondía la elaboración de los instrumentos, a la vez que ejecutaba y fungía como maestro de música. Le correspondía llevar al cabo el canto dedicado a los dioses, así como los cantos que se efectuaban durante el día.

Quaquacuiltzin se le nombraba al sacerdote Viejo. En uno de sus hombros llevaba un instrumento llamado ayochicahuaztli. En las ceremonias en honor de los dioses de la lluvia, en el mes Etzacualiztli, iba delante de la procesión de tocadores de caracol marino.

El cuicapique era nada menos que el músico encargado de la composición de los cantos que habrían de ejecutar tanto los alumnos como los maestros.

Los géneros de la música mexica. La música mágica constituye el género más antiguo de entre la música de los mexicas. Se utilizaba en ritos, adivinaciones, maleficios y curaciones y se acompañaba con arco de cuerda y con sonajas.

La música guerrera se usaba para incitar a los guerreros a combatir. Para realizarla se empleaban tambores, trompetas y silbatos a ritmo marcial.

La música fúnebre se tocaba durante las celebraciones mortuorias, para lo cual se usaban raspadores de hueso, primordialmente.

La música ritual era tocada durante los ritos de fertilidad, fálicos y del peyote.

La música religiosa acompañaba los cantos religiosos durante las celebraciones de los dioses.

La música erótica se ejecutaba para acompañar las danzas y cantos de los jóvenes guerreros y de las auianime, mujeres de diversión.

La música humorística, género de música popular, se utilizaba para las representaciones seculares de teatro y pantomima, tan importantes en la cosmovisión indígena.

La música profana correspondía a las fiestas de carácter civil, tales como bodas, recepciones y demás celebraciones de este tipo.

La música íntima comprendía cantos de amor, de muerte, de juegos, de niños y de actividades productivas.

La música popular la componía ex profeso el pueblo para su propio esparcimiento en calles y casas.

La música de “palacio” se tocaba en las casas de los grandes señores, para acompañar a los “juglares” que cantaban himnos épicos o a los artistas de sainetes.

Continuará…

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