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Kuanasïuatu, Guanajuato en los inicios

Mo-o-ti, Lugar de los Metales, como la llamaban los chichimecas, y Paxtitlan, Lugar de la Paja, como la denominaban los mexicas, es una ciudad que se encuentra situada hacia el centro-norte de la República Mexicana. Forma parte del Bajío, región que comprende parte de los estados de Guanajuato, Querétaro, Los Altos de Jalisco y Aguascalientes. Dicha ciudad es más conocida por su nombre actual Guanajuato, capital del estado del mismo nombre, y cuyo nombre procede de kuanasi, rana, y uata, cerro, Kuanasïuatu, palabra que significa en lengua purépecha Lugar Montuoso de Ranas.

En la época prehispánica, el Estado de Guanajuato se encontraba en la frontera entre Mesoamérica y la Gran Chichimeca o Chichimecatlalli, Tierra de los Chichimecas. En ella vivieron grupos nómadas de cazadores recolectores conocidos con el nombre de guamares y guachichiles, ambos pertenecientes a las tribus chichimecas que llegaron procedentes de lo que ahora conocemos como San Luis Potosí.

Durante el Preclásico Tardío, entre 400 y 100 a.C., en el estado de Guanajuato vivieron grupos sedentarios de semi agricultores, cuyas evidencias provienen del sitio de Chupícuaro, localizado a siete kilómetros de Acámbaro y de Tarandacuao, en Guanajuato. Chupícuaro es una palabra derivada del purépecha que significa “lugar azul”. Los primeros habitantes, cazadores y recolectores, posteriormente se asentaron en las márgenes del río Lerma, donde empezaron a cultivar maíz, frijol y calabaza. Conocían ya el molcajete que les servía para triturar el maíz. A la vez que cultivaban, pescaban y recolectaban frutos y planta silvestres de la región. Sus casas eran chozas de piedra con piso de lodo que se asentaban sobre plataformas.

En la época de mayor desarrollo los hombres de Chupícuaro edificaron pirámides ovales, conocían la cerámica y fabricaban instrumentos con pedernal, y eleboraban figurillas. La cerámica y las figurillas pertenecen al período anterior al clásico. Los hacedores de cultura de Chupícuaro, practicaban el culto a la muerte. A sus muertos los enterraban en diferentes posiciones, según al estatus social que tuvieren en vida, y les colocaban ofrendas mortuorias, acompañadas de perros sacrificados que ayudarían al difunto a llegar al Más Allá. Asimismo, realizaban ceremonias propiciatorias para la fertilidad de la tierra y rendían culto a la maternidad; a más de ser adoradores del Sol.

La cultura de Chupícuaro, no solamente se encuentra en Guanajuato, sino que abarcó partes del Estado de México, Hidalgo, Colima, Nayarit, Guerrero y Michoacán, formando lo que la arqueóloga Beatriz Braniff llamó la Tradición Chupícuaro.

En Guanajuato, aparte de la Cultura Chupícuaro, en la época prehispánica, existieron cuatro más; a saber, la llamada de Los Morales, del Preclásico Superior (400ª.C.- 250 a.C.); Teotihuacán, perteneciente al Horizonte Clásico (200 d.C.- 900 d.C.); Tolteca del Posclásico Temprano (900 d.C.- 1200 d.C.); y la Purépecha, perteneciente al Posclásico Tardío (1200 d.C. – 1525 d.C.)

Cuando los conquistadores españoles llegaron a Guanajuato en el siglo XVI, su ambición les llevó a descubrir yacimientos de plata en las colinas, y Antonio de Mendoza, el primer virrey que conoció la Nueva España, le donó, en 1541, las tierras a Rodrigo Vázquez, para que se fundara la estancia de Guanajuato, la cual llevó el nombre de Real de Minas: en dicha estancia se localizaban las exuberantes minas de plata de San Bernabé y Rayas. Poco después, en 1557, cuando Perafán de Rivera y Gómez (1492-1577) fue nombrado primer alcalde del ayuntamiento, Guanajuato tomó el nombre de Santa Fe Real de Minas de Guanajuato, el 26 de octubre de 1679, por decreto del entonces virrey Enrique de Rivera. En 1741, Felipe V le dio el título de muy noble y leal ciudad de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato, para convertirse en la capital de la intendencia del mismo nombre, en el año de 1786.

Aparte de haberle donado las tierras a Rodrigo Vázquez, don Antonio de Mendoza también le concedió estancias ganaderas a Andrés López de Céspedes y a Juanes de Garnica, pues era la manera acostumbrada de colonizar las regiones que los españoles se apropiaban a la mala.

Para proteger las actividades mineras, ya que aventureros y gambusinos llegaban a la Guanajuato y causaban desastres, se hizo necesaria la construcción de cuatro fortines o Reales de Minas: el de Santiago, situado en Marfil; el de Santa Ana, ubicado en la Sierra; el de Santa Fe, localizado en la falda del Cerro del Cuarto, y el de Tepetapa. El fortín de Real de Santa Fe, por ser el más rico y próspero, fue la cabecera de los otros tres fortines y el que determinó el asentamiento de la ciudad de Guanajuato en 1554.

Felipe II había impuesto para la Traza de las ciudades de la Nueva España, el trazo reticular; sin embargo, la configuración del terreno en que se asentaría la ciudad no era propicia para ello. Así pues, ello obligó a que las casas se distribuyeran irregularmente y a desniveles, formándose callejuelas sinuosas e interesantes en su conformación. De las iniciales construcciones del siglo XVI, solamente quedan las capillas de los hospitales de indios, y por cierto bastante modificadas.

En 1679, siendo Guanajuato ya Villa por órdenes de Carlos II, se formó la Plaza Mayor de la Villa con terrenos cedidos por los vecinos hispanos. Asimismo, se construyó la parroquia de Nuestra Señora de Guanajuato y el primer convento llamado San Diego de Alcalá. Para las postrimerías del siglo XVII las principales calles de la Ciudad ya estaban trazadas y el partido urbano se basaba en atención a las actividades productivas de los habitantes. En el siglo XVII, Guanajuato fue el primer productor de Plata del mundo, superando a Zacatecas y a Perú, lo que trajo consigo un gran desarrollo de esta hermosísima ciudad Patrimonio de la Humanidad.

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