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La adivinación por medio del maíz

El maíz y sus inicios. El maíz es la más importante de las gramíneas en México. Su nombre proviene de la palabra antillana mahís, de la lengua caribe que se hablaba en las Antillas. Los primeros intentos de cultivo de esta planta en suelos mexicanos datan de ocho mil años, cuando algunos de los grupos que poblaban la región lo cultivaron en los lugares que les servían de descanso a sus largos peregrinajes, ya que se trataba de nómadas que solían permanecer, por un corto tiempo, en un determinado sitio. Sin embargo, el definitivo desarrollo del cultivo de la planta se inició con los primeros grupos sedentarios, y por ende agricultores, hace alrededor de seis mil años. En la tradición oral de los pueblos nahuas, se afirmaba que habían sido los toltecas quienes introdujeron el uso del máiz – a más del algodón y el chile -, entre las tribus cazadoras que no habían alcanzado su alto grado de cultura. Este importante hecho, había tenido lugar en el siglo VII d.C. cuando Quezalcóatl, en su infinita sabiduría, les dio a los mexicas la tecnología necesaria para realizar los cultivos de esta gramínea.

El origen la adivinación por medio del maíz. Este don de la naturaleza, considerado como el símbolo de la prosperidad otorgada por los dioses, ocupó un lugar preponderante en el amplio ámbito alimentario de los mexicas. No sólo regulaba la primaria necesidad de nutrir al organismo, sino que también intervenía de manera sagrada en la vida social, religiosa y mágica de este pueblo, pues sus granos se empleaban como herramienta que permitía la adivinación del futuro y la determinación de los diagnósticos para conocer las enfermedades que solían padecer las personas. El arte de adivinar por medio del maíz es muy antiguo, desde que el primer hombre y la primera mujer fueron creados por los dioses Tonacacíhuatl y Tonacatecuhtli, quienes les dieron tareas determinadas a efectuar. A Cipactónal dios de la astrología y los calendarios, le ordenaron trabajar la tierra; y a Uxumuco, su esposa y personificación del día, le indicaron que tejiera, hilase y adivinara las enfermedades de los humanos para poderlos curar por medio de unos granos especiales de maíz que los dioses le dieron. Fue la primera médica.

Cómo adivinaban los antiguos. A los lectores de los granos de maíz los mexicas los llamaban tlaolxiniani, que significa en lengua náhuatl “el que despica los granos”. Algunos códices hablan de la forma en que se llevaba a cabo la adivinación: se arrojaban los granos a una tablilla o en una concha. Se empleaban veinte granos, o más o menos. El Códice Tudela refiere que unos granos de maíz y frijoles, y que si los primeros al caer en medio un vacuo [vacío] a manera de campo, de tal modo que estuvieran alrededor, era señal que le iban a enterrar [al enfermo], si los granos de maíz se apartaban la mitad a una parte y la mitad a otra, para que pudiese hacerse una raya derecha de por medio, sin tocar a ningún grano, era señal que la enfermedad se había apartado del enfermo y sanar.

Toribio de Benavente (1482-1569) nos informa que el adivinador se servía de sus capacidades para encontrar objetos perdidos o ver el proceso de una enfermedad. El hechicero arrojaba gordas granos de maíz siete u ocho veces, si alguno de ellos quedaba enhiesto, significaba que el enfermo iba a morir irremediablemente. Para encontrar lo perdido, el adivinador colocaba maíces en un cajete con agua y en seguida sabía dónde se encontraba lo perdido, o robado. Si se trataba de algún animal o persona, por este medio se sabía si se encontraban vivos o no. Otro método era echar en un recipiente con agua granos descabezados con los dientes del hechicero; en seguida se tapaba el envase y cuando se le quitaba la tapadera, si el maíz se encontraba en el fondo era señal de que el enfermo se aliviaría, pero si por el contrario se mantenía en la superficie era signo inequívoco que no se libraría de la muerte.

Por su parte Hernando Ruiz de Alarcón en su obra tratado de las supersticiones y costumbres nos informa en su  que: El tal sortílego escoje una maçorca y de entre mucho maíz los granos mas haçomados y hermosos, de los cuales entresaca tal vez diez y nueue granos y tal vez veinte y cinco, y esta diferencia causa la que tienen en ponerles sobre el lienço doblado y bien estendido de manera que no haga arruga, luego pone sobre el una parte de los granos según la cantidad que cogió… Pues sin detenernos en el numero que no haze al caso, llegando a la execusion el tal sortilego, en auiendo dispuesto los granos en el dicho lienço, comiença su embeleco con los que le restaron en la mano, meneandolos en ella y arrojandolos en el ayre y tornandolos a coger muchas vezes; y luego empieza la iniciaçion (¿?) siguiente: Ven en buen hora, preçioso varon siete culebras; venid tambien los cinco solares que todos mirais hacia vn lado. Aora es tiempo que luego veamos la causa dela pena y afliccion deste, y esto no se ha de dilatar para mañana ni el dia siguiente sino que luego al punto lo hemos de ver y saber. Yo lo mando assi al poderoso (¿?), el que soi la luz, el Anciano, el que tengo de ver en mi libro y en mi espejo encantado, que mediçina le hará provecho o si se ba su camino. (Ortografía del español antiguo)

Adivinaciones maiceras en los indígenas actuales. Muchos son los grupos que actualmente siguen empleando el método adivinatorio con los granos de maíz. Por ejemplo, algunos grupos de Oaxaca, Chiapas y Guerrero. A través de la lectura de los granos los hechiceros tratan de encontrar la causa de las enfermedades para curarlas, encontrar las cosas y personas perdidas, y conocer el buen o mal tiempo que hará. Cada grupo étnico tiene su propio método en cuanto a escoger los colores y la cantidad de los granos a utilizar; algunos emplean un lienzo, otros una palangana con agua. Lo mismo sucede con la cantidad de granos que se emplean para efectuar la adivinación: cuatro, cien, veintidós, cuarenta… Los hechiceros casi siempre llevar a cabo la ceremonia en altares y acompaños con rezos. Por ejemplo, los adivinos nahuas del norte de Veracruz emplean granos de maíz que colocan frente al altar de sus casas sobre una tela blanca; en un extremo coloca una hilera de monedas junto con objetos prehispánicos de tamaño chico, llamadas “antiguas. Toman catorce granos, los sahúman y le cantan a los espíritus del monte para recibir sus indicaciones. Arrojan los granos a la tela, tres semillas juntas quiere decir que la enfermedad proviene del fogón de la casa del enfermo; si en cambio se llega a formar un circulo con seis granos significa que la enfermedad proviene de un manantial; si forman una cruz, la parte más larga de ella señala el lugar de procedencia del mal; si hay tres semillas cerca de las monedas es porque la enfermedad ha sido producida ´por medio de la brujería. Así, su adivinación les permite predecir el futuro y diagnosticar las enfermedades de las personas aquejadas Otro ejemplo lo encontramos en Soyaltepec, Oaxaca donde el terapeuta utiliza veintidós granos extraídos de una mazorca que contiene doce carreras: a diez les saca dos granos y a las dos restantes, un grano a cada una. Para elaborar su diagnóstico coloca una sábana sobre el suelo, toma los granos con las manos y los arroja sobre ella: si una semilla cae parada y otra apunta hacia el este, el enfermo sanará; si uno o dos maíces caen de canto, el paciente seguirá enfermo; si acaso algunos se enciman, con el corazón hacia abajo, la persona se agravará; y cuando un grano queda en medio y rodeado de otros, pronto morirá.

Entre los tzotziles de Zinacantán, Chiapas, si el h’lol, después de pulsaral enfermo, determina que el padecimiento se debe a la pérdida de algunas de las partes de la entidad anímica llamada ch’lel, recurre a este tipo de adivinación para conocer cuáles de ellas tiene que restituir. Utiliza trece granos de maíz blanco, trece de maíz amarillo, trece de maíz rojo y trece de maíz negro. Los arroja en un recipiente que contiene agua salada, siguiendo el orden antes mencionado. Observa enseguida cuántos de ellos flotan, pues éstos son indicativos del número de partes que ha perdido el ch’ulel. (Ejemplos tomados del Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana, Carlos Zolla, coordinador)

 

 

 

 

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