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“La Golondrina”

“La Golondrina”, habanera más conocida popularmente como “Las Golondrinas”, fue compuesta por el músico mexicano-español llamado Narciso Serradel Sevilla, quien fuera hijo de un catalán y de una mujer mexicana. Nació La Golondrina en el año de 1862, la letra de la bella canción ha sido objeto de varias especulaciones en cuanto al autor de la misma. Algunos estudiosos la atribuyen a un poema de José Zorrilla, mientras que otros se inclinan por la inspiración de Francisco Martínez de la Rosa. Sin embargo, la mayoría de las opiniones expresan que el poema de la canción se debe nada menos que a Niceto Zamacois.

Zamacois fue un poeta, novelista, historiador y periodista que nació en Bilbao, España, en el año de 1820. Llegó a México en 1840, para engrandecer y participar con la intelectualidad de la época con sus contribuciones literarias. En este país se casó con Francisca Rubio y procreó a varios hijos con ella.

Niceto Zamacois escribió mucho en México. Entre sus obras podemos mencionar Historia de México; siete novelas, entre ellas Un ángel destronado del Cielo, leyenda religiosa y el Capitán Rossi; cinco libros de poesía; y su muy conocido ensayo Los mexicanos pintados por sí mismos, entre otras obras más de teatro como La herencia de un barbero.

La letra de La Golondrina la escribió en 1862 en México y la puso música Narciso Serradel, quien fuera un médico y compositor que inició sus estudios en el seminario sacerdotal y los abandonó para dedicarse a la medicina y la música. Este compositor siguió al general Ignacio Zaragoza en sus campañas bélicas; en una de ellas, en la batalla del Cinco de Mayo, fue capturado por los franceses y exiliado a Francia, donde se dedicó a enseñar música y español. En 1862, compuso la música de la inmortal canción que devino el himno de los exiliados mexicanos en Francia de aquella época. De regreso a México, muchos años después, murió en la ciudad capital cuando acababa de cumplir 67 años de edad.

Las Golondrinas, esta triste y melancólica habanera que suele tocarse en los momentos de despedida, lleva en sí misma un acróstico, veamos:

A dónde ira veloz y fatigada

La golondrina que de ahí se va,

¡Oh!, si en el viento se hallará extraviada

Buscando abrigo y no lo encontrará.

Junto a mi pecho le pondré su nido

En donde pueda la estación pasar,

También yo estoy en la región perdido

¡Oh!, cielo santo, y sin poder volar.

Deje también mi patria idolatrada,

Esa nación que me miró nacer.

Mi vida es hoy errante y angustiada

Y ya no puedo a mi mansión volver.

Ave querida, amada peregrina,

Mi corazón al tuyo estrecharé,

Oiré tus cantos, tierna golondrina,

Recordaré mi patria y lloraré.

(AL OBJETO DE MI AMOR)

 

 

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