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La naranja llega a México

La sabrosa fruta cítrica que conocemos con el nombre de “naranja”, es originaria de China, Vietnam y la India. Su nombre proviene del sánscrito narang, a su vez derivada del tamil nagarukam. En el año 922 d.C. los árabes conocieron el naranjo amargo de la India, y lo aclimataron en Arabia, país de donde pasó a Basora, Irak; Palestina, Egipto y Siria. En el siglo XI, del norte de África pasó a Sicilia, Cerdeña, y España. Después de difundirse por Europa,vía la España mora, llegó a nuestra América gracias a Cristóbal Colón quien, en su segundo viaje en 1493, llevó semillas de naranja, de limón, y de cidra a las islas La Española y La Isabela. Las semillas procedían de La Gomera, una de las siete islas principales de Las Canarias. Poco después, en el año de 1513, el explorador Juan Ponce de León introdujo las naranjas en Florida.

En 1518, el soldado-cronista Bernal Díaz del Castillo (1496-1584) que en ese entonces tenía el cargo de alférez, en la segunda expedición enviada por Diego Velázquez desde Cuba a las costas de Yucatán, sembró unas cuantas pepitas de naranja cerca del río Tonalá (río del sureste de México), en esa época nombrado Río de San Antón. Leamos su relato:

Como yo sembré unas pepitas de naranja junto a otra casa de ídolos, y fue de esta manera: que como había muchos mosquitos en aquel río, fuimos diez soldados a dormir en una casa alta de ídolos, y junto a aquella casa las sembré, que había traído de Cuba, porque era fama que veníamos a poblar, y nacieron muy bien, porque los papas de aquellos ídolos las beneficiaban y regaban y limpiaban, desque vieron que eran plantas diferentes de las suyas; de allí se hicieron de naranjos toda aquella provincia.

La leyenda relata que Bernal no sembró las semillas a propósito, sino que estaba comiendo tal fruta y las semillas cayeron al suelo húmedo, y germinaron ellas solas. De cualquier forma, desde entonces la naranja ha formado parte de nuestras frutas de consumo cotidiano por su alto valor en cítricos. Además, forma parte de las numerosas frutas y plantas curativas de nuestros grupos indígenas. Por ejemplo, las hojas y las flores de la naranja agria preparadas en té sirven contra la disentería, la bilis, el dolor de estómago, las afecciones ginecológicas, la tos, el asma, y la kujchakua, amígdalas inflamadas en purépecha. En cambio, la infusión de flores, a veces con las hojas, de naranja dulce es muy efectiva para bajar la calentura, curar las alteraciones del sistema nervioso, sobre todo si se combina con flor de tila y de manita; el jugo de la naranja dulce cura el reumatismo y el asma, si se aplica en la cabeza quita la caspa. He aquí algunas de las tantas aplicaciones que tiene la naranja como remedio de nuestra cultura popular.

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