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Los hombres-mujeres de Tehuantepec o el mito muxe

En el hermoso Istmo de Tehuantepec, en el estado sureño de Oaxaca, viven los muxe, travestis, hombres transexuales; personas masculinas que asumen las vestimentas y las funciones del sexo femenino, porque en realidad son mujeres atrapadas en un cuerpo de hombre.

La palabra muxe proviene del español “mujer”, y se empezó a emplear desde el siglo XVI. Los muxes formaban parejas, se casaban, y tenían hijos si decidían casarse con una mujer. En aquella lejana época los hombres eran los encargados de cultivar la milpa y de cazar, mientras que las mujeres y las muxes tomaban a su cargo las cuestiones de índole económica tales como el comercio. Asimismo, las muxes tenían como función social el iniciar a los adolescentes en sus prácticas sexuales ya que era muy sancionado el hecho de que las jovencitas perdieran la virginidad entes del matrimonio.

Desde entonces, aparentemente, los muxes son ampliamente aceptados en la sociedad zapoteca y no padecen ningún tipo de discriminación ni de agresiones, y se les permite llevar a cabo acciones de relevancia en la comunidad. En relación al ámbito familiar, los muxes son muy queridos por sus madres, ya que ejercen funciones domésticas que liberan su carga cotidiana y les permiten dedicarse a diferentes actividades productivas. Los muxes cuidan a los niños y a los viejos de la familia, limpian la casa, y se hacen cargo de las necesidades de los animales, y todo lo hacen a la perfección. Cuando trabajan fuera de casa, son muy apreciados por su productividad y responsabilidad en sus funciones, y contribuyen al sostenimiento económico de la familia. Es importante destacar que los muxes no abandonan nunca a los padres, y siempre se quedan a cuidarlos, lo cual constituye un apoyo económico y amoroso para ellos. Dado que son tan aceptados y apreciados en la comunidad, los muxes zapotecos están muy orgullosos de serlo y su autoestima es elevada.

Sus actividades sociales son variadas. Suelen diseñar los hermosos bordados de los trajes de las indias zapotecas y los adornos para la cabeza en los que se emplean muchas flores; además, diseñan los trajes de carácter mestizo que se han de usar en las grandes ceremonias de la vida cotidiana como lo son las bodas, los quince años, etc. O bien, se encargan de elaborar los adornos para las fiestas patronales y los carros alegóricos, tan frecuentes en el Istmo de Tehuantepec. A más de ello, los muxes son estupendos cocineros y curanderos afamados; así como también suelen ocupar muchos puestos dentro del ámbito religioso de la mayordomía, como las de las celebraciones de San Jacinto y la Vela Agosto (Inmaculada Concepción)

Los muxes cuentan con su propia vela (fiestas propias del Istmo) a la que denominan Vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras de Peligro, que surgió por los años setenta, fiesta en la cual se lleva a cabo el espectáculo travesti (show travesti) a la manera de cualquier espectáculo de este tipo que se efectúe en las grandes ciudades de México.

Como antaño, los muxes inician a los jóvenes en la vida sexual: para abrirles el prepucio o para que pierdan la virginidad y hacerlos hábiles en las cuestiones amorosas. Se acude a los muxes para estos fines porque es costumbre arraigada que las mujeres lleguen vírgenes al matrimonio, pues lo contrario es sumamente mal visto y sancionado por la sociedad. Los muxes incluso suelen acostarse con varones adultos heterosexuales cuando son solicitados por estos (por ejemplo, cuando están borrachos y urgidos), sin que tal hecho sea considerado una depravación ni un desmérito para los hombres.

Estas personas pertenecientes al tercer sexo, como se las ha llamado insistentemente, casi siempre, por no decir siempre, van vestidos de mujer en la cotidianidad, y algunas se llegan a hacer implantes de senos, aunque nunca llegan al cambio de sexo completo.

Los muxes casi nunca se casan, pues como hemos dicho se mantienen en el hogar materno, pero cuando se da el caso, se aparejan con otro muxe y se lleva a cabo una fiesta en la que se invita a todos los amigos, y en la cual la pareja viste de gala. Para algunas de estas mujeres la prostitución es un medio para ganarse la vida y ayudar a la familia.

Sin embargo, esta institución que forman los muxes, actualmente se empieza a tambalearse por diferentes factores que han traído consigo la modernidad y sus peligros. Ha empezado una cierta sanción por parte de los heterosexuales que no quieren perder su rol preponderante en la familia; e incluso los muxes han llegado a ser agredidos por muchos de ellos. Asimismo, su nombre se ha deformado y ahora muchos se autonombran “gays” o son llamados así por la comunidad.

Finalicemos aclarando que mucho hay de mito en el fenómeno muxe, pues el testimonio de algunos de ellos tienden a derribarlo y a encararnos con una solapada discriminación, como la que se tiene contra las lesbianas. Oigamos a algunos de ellas en entrevistas que aparecieron en el Suplemento Reversible, bajo la autoría de Guadalupe Ríos:

La homosexualidad en Juchitán es tolerada pero realmente no es aceptada. Se tolera cuando el muxe ya representa un ingreso para la familia, cuando ya trabaja y está dispuesto a compartir lo que gana con la madre o apoyar al padre en lo que pida, pero si no es así, nadie de la familia los acepta”, asegura Mario.

Dicen que en Juchitán los muxes son respetados, que son aceptados y que sus mamás dicen que son una bendición en la familia, tal vez para algunos lo sea, pero también es cierto que hay otra realidad muy distinta de la que nadie habla”, afirma Mario, también conocido como Jetzabé.

Cuando tenía como seis años o siete mi papá me pegaba, me regañaba, me decía que tenía yo que ser hombre y me llevaba al campo a sembrar, me obligaba y yo lloraba mucho, yo le decía a mi mamá que no quería, que no me gustaba, que mejor me quedaba a ayudarle a hacer tortilla, pero no me dejaban”, reconoce Rogelio, un muxe de 55 años oriundo de la séptima sección de Juchitán.

He aquí las dos caras del mito muxe.

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