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Los mexicas y el chocolate

Los mexicas adoraban el chocolate, los señores lo tomaban a diario, el pueblo de tanto en tanto, y hasta se vendía en los tianguis. Además, esta bebida de los dioses cumplía funciones ceremoniales y religiosas, se ofrendaba a las divinidades y aun se le tenía como muy preciada forma de pagar tributo al monarca, por parte de los pueblos sojuzgados de clima caliente como lo eran Colima, Chiapas, Tabasco, Veracruz y Oaxaca. Un ejemplo nos lo brinda Orozco y Berra cuando testimonia que:

Tlatelolco pagaba cuarenta canastos de cacao molido, cada uno de 1,000 almendras, o sean 64,000 almendras en todo … Cihuatlán 80 cargas de caco … Tochtepec 200 cargas de granos … Xoconocho, 200 cargas … Cuextlatlan, 200 cargas.

La base para contar el cacao era el número 20; así 400 costales de cacao (20 x 20), formaban un tzontli; 20 tzontlis equivalían a un xuquipilli de 8,000 granos; y 3 xuquipillis formaban una carga de 24,000 granos.

Por ser tan preciado, el caco también sirvió como moneda hasta la primera mitad del siglo XVI, ya en plena colonización hispana, cuando, en 1536, el virrey don Antonio de Mendoza fundó en la capital de la Nueva España, la primera Casa de Moneda.

Don Artemio del Valle-Arizpe nos cuenta en su obraHistoria de la Ciudad de México, según los relatos de sus cronistas:

No es posible asignar valor a esa moneda de cacao, porque los autores discrepan mucho en su estimación, y realmente no le tenían fijo, en razón a que el precio de la carga variaba mucho, según la abundancia y escasez de la cosecha, y conforme a la distancia del lugar en se cogía. Dicha moneda no sólo servía para comprar las cosas menudas, sino aun para las de precio, como los esclavos; y en cantidades pequeñas se ha usado casi hasta nuestros tiempos. Aunque corruptible e incómoda, tenía a lo menos ventaja de poder servir de alimento. Por eso Pedro Mártir de Anglería exclama: “Dichosa moneda que proporciona al hombre una bebida agradable y provechosa, y a sus poseedores preserva de la parte infernal de la avaricia, porque no pueden enterrarla ni guardarla mucho tiempo. El doble uso del cacao hacia que fuese considerado entre los mexicanos como una de las principales riquezas. En los tiempos antiguos sólo los señores y principales lo consumíen en bebidas, porque como observa Oviedo, “la gente común no osa ni puede usar con su gula o paladar tal brebaje, porque no es más que emprobecer adrede é tragarse la moneda é echalla en donde se pierde.

Así pues, el chocolate, sangre vivificadora, además de simbolizar el poder de sojuzgamiento en tanto que objeto de tributo, y el poder de compra en tanto que moneda, era también símbolo de status social, puesto que como hemos visto, sólo disfrutaban de ella los nobles y las personas con posibilidades económicas, quienes solían solazarse bebiéndola en fiestas y banquetes, o cotidianamente, si así lo dictaba su capricho. El chocolate solía beberse después de comer, frío, espumoso y elaborado de distintas formas: mezclado con chile, miel, especies, yerbas, granos de maíz, huapatlachtli, o granos de pochotlceiba. Podía también hacerse con mazorcas tiernas, miel de abejas y huacaztli; o bien, con cien granos de cacao, crudos o tostados, combinados con mecaxóchitl, xochinacáztli y tlilxóchitl (vainilla); a esta exquisita preparación se la llamaba atextli, la cual debió ser considerada para paladares muy exigentes. El tzone se hacía con partes iguales de maíz y cacao tostados.

Fue tan fina y sublime esta bebida que se la servía en jícaras especiales muy bien labradas, pintadas y con tapaderas; y para menear el contenido, se empleaban unas cucharas hechas con caparacho de tortuga. Bernal Díaz del Castillo, el soldado cronista, refiriéndose a las abundantes comidas de Moctezuma, nos dice que le servían el chocolate muy espumoso, en copas de oro fino, hecho de muy buen cacao, que portaban mujeres recatadas y acomedidas. También constata que los indios pensaban que esta excelente bebida proporcionaba mucha energía a los hombres para estar con mujeres en los lances sexuales y salir airosos cuantas veces se quisiera.

En la preparación del chocolate se utilizaron diferentes clases de cacao: colorado, bermejo, anaranjado, negro y blanco que coloreaban con tlilxóchitl y mecaxóchitl, más el axiotl y el hueinacaztli. Aunque caro y exclusivo, el chocolate podía encontrarse en los puestos del mercado, como hemos dicho, para aquellos que pudieran pagarlo, donde lo expedían vendedores especializados. A decir de Sahagún:

El que vende cacao hecho para beber, muélelo primero; en este modo que la primera vez quiebra o machuca las almendras; la segunda vez van un poco más molidas; la tercera y postrera muy molidas, mezclándose con granos de maíz cocidos y lavados y así molidas y mezcladas les echan agua, en algún vaso; si les echan poca hacen lindo cacao; y si mucha no hace espuma, y para hacerlo bien hecho se hace y se guarda lo siguiente: conviene a saber que se cuela, después de colado se levanta para que chorree y con esto se levanta la espuma, y se echa aparte, y a las veces espésase demasiado y mezcláse con agua después de molido, y el que lo sabe hacer bien hecho vende el cacao bien hecho y lindo, y de tal manera sólo los señores lo beben, blando, espumoso, bermejo, colorado y puro sin mucha masa; a las veces le echan especias aromáticas, y aun miel de abeja y alguna agua rosada; y el caco que no es bueno tiene mucha masa y mucha agua, y así no hace espuma sino unos espumarajos.

Por otra parte, el chocolate era bebida de dioses, pues en el mes Atemoztli se le ofrendaba a los montes sagrados: Popocatépetl, Iztaccíchuatl y Matlacueye, así como a los tlaloques; con masa de bledos o tzoalli se elaboraban las imágenes de tales montes, y se colocaban en los adoratorios domésticos. Como estas imágenes eran tepitones, o sea, pequeñitas, se les ofrecían tamales chiquitos en platitos; y el chocolate se depositaba en tescomatitos finamente labrados.

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