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Mujeres españolas en la conquista

Las primeras mujeres colonizadoras que llegaron a tierras indianas lo hicieron con Cristóbal Colón cuando llegó a las Antillas. Para 1514 había trece mujeres asentadas en la ciudad de Santo Domingo. Una de ellas fue Catalina de Sotomayor, que llevó el cargo de encomendera –la única- de Azua de Compostela, lugar situado al sur de la Isla Española, hoy República Dominicana. A México y a otras regiones de América llegaron muchas mujeres españolas acompañando a los conquistadores, por gusto o por orden real. Por ejemplo, siguiendo a Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile, llegó, aunque veinte años después, doña Marina Ortiz de Gaete, extremeña de pura cepa, a quien en 1554, el rey Felipe le otorgó licencia para viajar a Chile y le obsequió: …hasta con cantidad de tres mil pesos de oro en joyas de oro y plata labrada para servicio de vuestra persona y casa, según afirma Luis de Roa. Asimismo, vivió en América doña María de Toledo, primera virreina consorte de América, esposa de Diego Colón, hijo del Almirante, quien, según cuentan las crónicas, fue encarnizada defensora de la libertad de los nativos de las Indias Occidentales, y quien se hizo cargo del gobierno de 1515 y 1520. De María Toledo el historiador Gonzalo Fernández de Oviedo nos dice: Tornando al nuevo almirante, digo que assí como la visoreyna, doña María de Toledo, supo la muerte de su marido el almirante don Diego Colom, é le ovo mucho llorado é fecho el sentimiento é obsequias semejantes a tales personas (porque en la verdad esta señora ha seydo en esta tierra tenida por muy honesta y de grande exemplo su persona é bondad, é ha mostrado bien la generosidad de su sangre); determinó de yr en España a seguir el pleyto que su marido tenía sobre las cosas de su Estado con el fiscal real, y llevó consigo á su hija menor, doña Isabel, y al menor de sus hijos llamado Diego; y dexó en esta cibdad á su hija mayor, doña Phelipa (la qual era enferma é sancta persona) y al almirante don Luis, y á don Chripstóbal Colom, sus hijos harto niños.

También se debe destacar a doña Juana Ramírez de Arellano y Zúñiga, esposa de Hernán Cortés con quien vivió en Cuernavaca en una casa-fortaleza, y con el que procreó seis hijos. Con ella llegaron varias mujeres que contrajeron matrimonio en las Indias, como lo fueron María de Cuéllar que se emparentó con Diego Velázquez, segoviana con mala suerte, ya que murió joven a la semana de haberse casado; y muy amiga de la menciona virreina de Cuba María de Toledo. A su vez, María de Valenzuela, viuda rica, casóse con Pánfilo de Narváez, y tuvo un hijo.

Peleando denodadamente junto con las tropas de Cortés, debe mencionarse a María de Estrada, considerada por el conquistador y por los mismos soldados, como una mujer sumamente valerosa, a quien según dicen las crónicas se deben estas palabras: No es bien, señor capitán, que mujeres españolas dexen a sus maridos yendo a la guerra; donde ellos murieren moriremos nosotras, y es razón que los indios entiendan que somos tan valientes los españoles que hasta sus mujeres saben pelear… Esta mujer, participó en la batalla de Otumba, con Pedro Sánchez Farfán, a quien se le otorgó la encomienda de Tetela del Volcán. Su vida es un tanto oscura, parece que llegó a la Isla La Española acompañando a su padre como inmigrante, pues al ser judío sefardita y acusado por lo tanto de hereje, tuvo que salir de España hacia las Indias, en donde la joven María trabajó como enfermera. Según parece se casó en la Isla con Pedro Sánchez Farfán, muy amigo de Cortés y dueño de un trapiche en la Trinidad.

Al dar inicio la conquista del territorio mexicano, María Estrada participó en muchas de las batallas emprendidas por los españoles, como la llamada del Milagro de Cintla, en Tabasco. Tomó parte también en la batalla de la Noche Triste donde pronunció las palabras arriba mencionadas, y cuyo testimonio de Bernal Díaz del Castillo nos informa que era la única mujer peleando en la tal batalla.

Después de conquistada Tenochtitlan, llegaron a la Nueva España otras mujeres que Cortés solicitaba a España para que se casasen con los conquistadores y fuesen a colonizar los territorios robados. Así por ejemplo, Cristóbal de Olid, se casó con doña Felipa de Arauz (Zarauz) recién llegada de España. Muchos de los conquistadores hicieron llegar a tierras nuevas a sus hijas, como fue el caso del comendador Leonel de Cervantes el cual aportó siete hijas; o de Julián de Alderete, tesorero del rey, quien arribó a México con cinco de sus retoños femeninos. Asimismo, llegó de Cuba la esposa de Cortés doña Catalina Juárez, la Marcaida, a la que tan mal le iría en estas tierras, acompañada de varias mujeres unas ya casadas y otras no. De la Marcaida nos dice la autora que: En México, la Marcayda llevaba una buena vida plena de diversiones y ociosidades, entre bailes, suntuosos vestidos y costosas joyas. Cortés la obsequió con tierras y esclavos. Parecían un feliz matrimonio, en apariencia… pues es más que posible que Cortés la haya matado después de un conflicto que tuviesen en Coyoacán y en el que tuvo mucho que ver un cierto capitán Solís.

Con el paso del tiempo muchas mujeres españolas fueron llegando a México, a quienes largo sería de enumerar, nos conformamos con haber mencionado a algunas de las más conocidas. Hasta aquí nuestra pequeña semblanza.

 

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