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¿Sabías por qué tenemos nombre propio y apellido?

El apellido es un nombre antroponímico de una familia determinada que distingue a las personas de otras familias. Se llama antroponimia (también conocida como onomástica antropológica) a una parte de la onomástica lexicográfica que se dedica al estudio de los nombres propios y de los apellidos. El hecho de poner nombre propio (antropónimo) a las personas es un fenómeno de carácter universal, y en cada cultura toma una modalidad determinada, según las costumbres del grupo. En nuestras culturas mestizas e indígenas el antropónimo va acompañado de un nombre familiar, el apellido. En la cultura mestiza, y también en muchas indígenas, el nombre propio ha perdido el significado directo del nombre (la persona no es consciente del significado de su propio nombre), y solamente a través de un estudio etimológico podemos llegar a saber el significado “oculto” de nuestro nombre o de nuestro apellido. La presencia de nombres propios o apellidos lexicográficamente ajenos a una cultura, puede tener varias causas, entre ellas, la conquista, la influencia religiosa, o los préstamos lingüísticos, para mencionar algunas de ellas.

En España, hasta la Edad Media, las personas llevaban solamente el nombre  propio, sin apellido, y si la identificación se hacía difícil por haber más de una con el mismo nombre, se recurría a precisar de dónde era o a que se dedicaba la tal persona nombrada. Por ejemplo, se decía Francisco el carpintero, para diferenciarlo de Francisco el de la troje o el de la fuente. Con el tiempo, estas localizaciones o determinativos, pasaron a ser el apellido de los nombrados, y quedaron Francisco Carpintero y Francisco de la Fuente.

Otra forma de poner el apellido surgió cuando se añadió el sufijo –ez a los nombres propios, el cual señalaba ser “hijo de”. Así por ejemplo, el apellido Álvarez viene del antropónimo Álvaro, Sánchez de Sancho, Pérez de Pero, Martínez de Martín, etcétera. Estos apellidos provenientes de nombres propios son llamados patronímicos. Otros sufijos con el mismo significado aparte de –ez, son –oz, –az e –iz. Terminaciones que las más de las veces se consideran de origen gótico, aunque para algunos estudiosos se trata de un sufijo prerromano, posiblemente derivado de algún idioma de la familia germana. Y así tenemos apellidos tales como Galindoz, Ordonioz, Munioz de Alava, fenómeno lingüístico que se presenta sobre todo en apellidos de origen vasco.

Más adelante, los apellidos se asociaban, en algunos casos, con patronímicos y con toponímicos, y así surgieron apellidos tales como Francisco de Córdoba, Pedro de Toledo, o Juan de Murcia, para mencionar algunos. Todavía en esta etapa las personas eran algo arbitrarias para designarse su apellido, pues no existía ninguna normatividad. Pero ya para 1870 la designación de los apellidos que debía ostentar una persona se transformó en una regla de carácter administrativo y dejó de estar sujeta al capricho de los padres o de la persona nombrada.

El antropónimo de las personas en nuestra cultura mestiza con fuertes raíces hispanas, consta, pues, de un nombre de pila (llamado así en referencia a la pila bautismal) y de uno o varios apellidos, de los cuales el primero pertenece al padre y el segundo al de la madre, lo cual no es común en otras culturas que colocan el apellido de la madre en primer lugar. El nombre propio es puesto al gusto de los padres, pero los apellidos se van transmitiendo de una generación a otra.

Tipológicamente los nombres de pila o propios pueden referirse ocupaciones, por ejemplo Jorge que significa agricultor; a factores físicos: Blanca; a objetos: Roque; a personajes de ficción: Naná; a santos o vírgenes: María del Carmen; a piedras preciosas o semipreciosas: Esmeralda; a países o ciudades: Morelia; a flores: Margarita; a objetos o fenómenos en lengua indígenas: Malinalli, Citlalli; y a otros muchos tipos más.

Los nombres propios también se pueden clasificar según el origen que tengan: nombres germanos (Carlos), hebreos (Sara), griegos (Alejandro), latinos (Amelia), e indígenas (Nektli), etcétera.

En cuanto a los apellidos, según su origen pueden derivarse de apellidos de esclavos, derivados de oficios y profesiones, descriptivos, castellanizados, apellidos patronímicos, toponímicos y judíos. Los apellidos de esclavos, casi siempre derivan del color; por ejemplo Prieto, Moreno, Pardo… como ejemplo de los apellidos judíos de aquellos que vivieron en España tenemos Benegas, aun cuando es muy difícil determinar cuáles apellidos son netamente judíos ya que para huir de la  persecución de que eran objeto los hebreos en la Edad Media española, se los cambiaban por nombres “cristianos”. De los apellidos derivados de oficios, podemos mencionar Botero, Guerrero, Pastor, Zapatero. Entre los apellidos descriptivos o de apodos están Hurtado, Cortés, Delgado, Blanco y Calvo, entre otros muchos más. Entre los llamados castellanizados (es decir que su origen no es español, pero que se fueron adaptando a la fonética hispana) podemos mencionar Jara (árabe), Acuña (portugués, Cunha), Arizmendi (vasco), Pech (maya), Borbón (francés) etc. Como ejemplo de apellidos patronímicos (procedentes de un nombre propio y a veces precedidos de la partícula “de”) tenemos López, Méndez, Hernández. Y finalmente ejemplos de apellidos toponímicos serían Puebla,  Dávila, Galicia, Valenzuela, Padrón.

Veamos el origen de algunos apellidos:

ROJAS, apellido toponímico que se refiere al Municipio de Rojas, Provincia de Burgos. Con escudo de armas de un campo y cinco estrellas azur.

RODRÍGUEZ, apellido patronímico proveniente del Reino de León, anterior al siglo XI, cuyo significada es “hijo de Rodrigo o Rodericus”, nombre de pila de origen germano.

CABRERA, apellido procedente de Galicia de la época del rey don Ramiro III de León. En sus armas aparece una cabra, símbolo de la honestidad, un campo de oro que remite a la riqueza y el esplendor.

DURAN, apellido de origen germánico, latinizado a “durandus” cuyo significado en latín es “que ha de durar”, se trata de un apellido patronímico. Empezó a emplearse en Aragón con don Guillermo Durán, al servicio del rey Jaime El Conquistador. Otra rama del apellido proviene de Francia, de Córcega (Durand) y pasó a la zona de Valencia, España.

IGLESIAS, no existen datos acerca de su origen, su empleo es muy antiguo y llega hasta los godos. Empezó a emplearlo el linaje de don Alvar de las Iglesias o de la Iglesia en 725, cuando don Pelayo reconquistó la ciudad de León, y don Alvar resistió a los moros en una iglesia, o una ermita con ciento cincuenta hombres que acabaron con dos mil moros. La iglesia luego se llamó San Pedro de Cavatuenta.

Basten estos apellidos para ejemplificar lo escrito en este pequeño artículo.

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