Cómo te has dejado llevar a un callejón sin Sabina

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Arrojé mi pantalón al piso. Mágicamente, el sudor se había transformado en polvo de hadas, en el polvo de la fée clochette (la Campanita de los bohemios), a quien buscamos a de bar en bar, en las noches perdidas donde nos encontramos envueltos en las notas de la negra noche en que pisamos el acelerador para huir de las arenas movedizas de la cotiadianeidad, atravesando el bajío como conductores suicidas, haciendo mucho-mucho ruido, para hacer como si hubiera donde hacerse fuerte, y llegar por fin a ponernos un trago más escuchando quinientas noches para una crisis. O quinientas crisis para una noche, porque cuesta llegar al Auditorio Telmex de Guadalajara desde la humilde Morelia de humildes sueldos y humildes personas que han perdido (o nunca la han tenido) la costumbre de perderse en las megaciudades.

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